Jueves, 26 Mayo 2016 20:22

Corpus Christi, Ciclo C, 29 de mayo de 2016

En este domingo del Cuerpo y la Sangre de Cristo, adoramos y veneramos el Sacramento y además lo acompañamos por nuestras calles.

Y al hacer la procesión, Cristo nos habla de la presencia permanente de la reconciliación en los caminos de nuestra vida.

Él va siempre con nosotros; Él, la reconciliación; Él, el amor y la misericordia. Él, que nos sigue, Él, que nos persigue con la terquedad de su amor, mientras somos peregrinos en esta tierra, que nos persigue aún cuando andamos por caminos tortuosos y perdemos la dirección.

Él, que busca en el desierto la oveja perdida y corre al encuentro del hijo perdido.  Él va con nosotros en la peregrinación de nuestra vida, Él que ha recorrido por sí mismo todas estas calles desde el nacimiento hasta la muerte y por eso sabe cómo le va a uno por estas correrías sin fin y, con tanta frecuencia, sin camino.

Está ahí, visible e invisible, Él, con la misericordia de su corazón, con la experiencia de una vida completa de hombre, paciente y madura y misericordiosa.

Él, la salvación y la reconciliación de nuestros pecados.

Llevamos el sacramento a través de las calles, de los campos y de los desiertos de nuestra vida y confesamos: estamos acompañados por aquel que con su sola compañía puede hacer todos los caminos rectos.

Caminemos hoy y siempre, incansables, por todas las calles de esta vida, las llanas y las escabrosas, las felices y las sangrientas; el Señor está presente, el fin del camino y la fuerza para recorrerlo están presentes. Bajo el cielo de Dios va por las calles de la tierra una sagrada procesión. Llegará. Pues ya hoy celebran el cielo y la tierra juntos una fiesta feliz.

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