Sábado, 04 Abril 2020 12:00

Carta de nuestro Párroco ante la Semana Santa en tiempos de pandemia COV-19

Queridos hermanos y hermanas en Cristo.

Me dirijo a todos vosotros en estos momentos de crisis de salud por el coronavirus que estamos padeciendo. Este acontecimiento ha modificado nuestra forma de vida y en especial nuestra vida espiritual.

Hemos vivido una Cuaresma atípica, pero una Cuaresma más profunda: hemos vivido el desierto, la esperanza del final del camino (en el monte Tabor), hemos necesitado que nos sane y el deseo de una vida nueva que nos renueve en todos los aspectos. Una Cuaresma intensa en la oración, en vivir la comunión de los Santos, en valorar lo importante que son los demás en nuestras vidas, la necesidad de la Eucaristía no como una obligación sino como el alimento imprescindible para nuestras vidas, la necesidad de nuestra vida parroquial como nuestra segunda casa, de nuestra segunda familia; aunque siendo la segunda es la primera para sustentar nuestra casa y familia, la necesidad de la comunicación, del diálogo, de la escucha. Nos echamos de menos los unos a los otros. Así lo vivo yo, echo de menos nuestra eucaristías, nuestros encuentros, vuestras presencias, nuestras formaciones, nuestros momentos de oración, de retiros espirituales.

Echo de menos a esta comunidad del Mayor Dolor de Sevilla con sus ganas de vivir, de luchar y trabajar en la viña del Señor. Esto es lo duro del camino por el desierto, este es el fruto de la gracia del Señor en esta Cuaresma que se encamina hacia la Pascua de Resurrección del Señor. Queremos ver la Luz al final del camino y os aseguro que lo veremos, aunque sea encerrados en nuestras casas (“Entra en tu habitación cierra la puerta y ora a tu Padre del cielo y Él que ve en lo secreto te lo recompensará”) y escucharemos la voz del Señor que nos dirá: “Efetta” (Ábrete), abrir nuestra mente, nuestro corazón, nuestros ojos a lo nuevo, a sacar lo mejor de cada uno de nosotros, para compartirlo, para donarlo, para perdernos por los demás. A renovar nuestras vidas, nuestros valores mundanos por los valores del Evangelio.

Ya próxima la Semana Santa, el acontecimiento más importante para un cristiano, la viviremos en el silencio profundo de nuestras casas, en el silencio donde Dios se hará presente y

 os hablará en lo profundo de vuestros corazones. En ese silencio vendrá la Resurrección sin querer romper el ritmo de la vida, en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo humidad de nuestras vidas. La Resurrección será silenciosa pero llena de Alegría, es el abrazo eterno del Padre, en su Hijo Amado, por su Espíritu que llenará nuestras casas, familias y a vosotros del olor del Crisma que nos renovará.

Teódulo y yo, lo viviremos en las celebraciones del Triduo Pascual, también en el silencio del templo del Mayor Dolor, pero un silencio lleno de vuestras vidas que también estaréis presentes en la ausencia.

Así es el Misterio de Dios presencia ausente. Haciendo presente a todos vosotros, como a toda la comunidad humana: a todos los que han fallecido por esta crisis sanitaria, por todos los enfermos del coronavirus o por otras circunstancias, por todas las familias del mundo, por todos los que trabajan en el mundo sanitario que están entregando sus vidas por las nuestras, por todos los trabajadores del orden público: policías, guardias civiles, militares, por todos los trabajadores que mantienen la vida de este país con sus esfuerzos: transportistas, farmacéuticos, trabajadores de supermercados y tiendas, trabajadores de la limpieza, cuidadores de mayores, etc. A todos ellos gracias por sus esfuerzos y por su generosidad en el día a día por todos nosotros.

En nuestras oraciones y meditaciones estáis todos vosotros. Por ello os pido que viváis el Triduo Pascual, con profundidad, desde la televisión, os haremos llegar las celebraciones, oración para el Jueves Santo, el Vía crucis, etc., que podréis tener en nuestra página web: www.mayordolorsevilla.

Sin más, os deseo una buena Semana Santa y Pascua de Resurrección. Si he aprendido algo en estos días, es que todos somos iguales ante los ojos de Dios. Ya lo sabía, pero ahora es una realidad. Esta pandemia llega a todos ricos o pobres, del Norte o del Sur, de diferentes culturas o continentes. Todos en estos días necesitamos de la misericordia y la compasión de nuestro Dios, pongámonos en sus manos.

Que el Señor os bendiga, José Antonio García Benjumea.
 

 

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Parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor ─ 2016